Yo crucé las calles debajo de una lluvia torrencial. Ella no salió de casa. Quizás no la vuelva a ver y, si la veo, la saludaré y nada más. El domingo que viene, no pienso verla. He visto a una ancianita en una tienda de mascotas que guardaba entre sus manos la comida de su perrito. He oído a un hombre que nos decía a mi padre, a mi hermano y a mí en la residencia que es así, hijos y padre juntos, como mejor se está. Le di las gracias porque me animó mucho esa alabanza de la familia unida, de los corazones que hablan sentados y en buena compaña. La vida pasa pronto y es mejor estar unidos: la familia, los hijos, los sobrinos, los nietos, etcétera.
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