Los viernes yo ganaba exactamente, 1250 pesetas. Por dar clases a un estudiante de bachillerato que tendría que ir a selectividad. Yo le llevaba a ese estudiante textos narrativos, ensayísticos, poéticos y dramáticos. En junio me dijo ese chaval que había sacado un 8´ 5 y que se había dejado una pregunta por responder. Perfecto. Mi sistema había funcionado. Comentábamos textos de todo tipo, sobre todo poesía. Su madre creyó que mis clases eran demasiado caras y las redujo a un día a la semana. Yo andaba pobre por aquellas fechas. De las 1250 pesetas, 250 las echaba a la tragaperras y las mil me habían de durar para el fin de semana en el pueblo. Yo no pensaba, yo actuaba. Clases particulares, academias, hasta llegar a aprobar la plaza de profesor de secundaria. Esto último, mucho más tarde.
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