El mundo de las letras, como todos los mundos, se llena a veces de chupópteros a los que dan premios literarios por toda su obra escrita y su obra escrita no vale un pimiento. Pero bueno. Se trata de ir rellenando renglones, de revisar los escritos, de ver qué bueno o malo escribí yo hace tiempo. Y nunca gané un premio. Ni el del ayuntamiento de Valdepeñas. Yo vivo bien sin premios. Ya tengo un premio que es mi pensión. Mi pensión por haber aguantado en la enseñanza. Otros por menos se han muerto. La vida te va dando premios y castigos, aunque no merezcas ni unos ni otros. La vida es descabellada, llena de huesos duros, altanera, fría como un témpano, dolorosa y vivaz.
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