La mañana se logra levantándose uno pronto, recibiendo en el cuerpo los rayos de la madrugada. La mañana se alcanza si uno despierta al fulgor del día que nace, no metido en la cama torturando al colchón, pobrecito. La primera ráfaga de sol que anuncia la jornada es fundamental para sentirse bien todo el día. Hay que madrugar y hacer inspiraciones grandes de aire, que entren en los pulmones grandes dosis de O2, de oxígeno lento. Y no fumar. Y no hartarse uno de magdalenas pringadas en el café con leche. Y decir al que está a tu lado, si es que no vives solo: merece la pena saludar al día que nace justo cuando nace. Y el otro dirá: ya, ya. Y empezará el día de este modo tan tonto y así todo el día, recibiendo la luz del sol, comiéndose uno a sí mismo como si fuera uno un caníbal atroz y vehemente. Como dice la canción: estoy perdido en un bar, ¿dónde estás, maldita?
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