La emoción más grande que yo he vivido encima de una bicicleta la viví cuando mi tío Francisco nos dijo a mi hermano, a mis primos y a mí que íbamos a subir por la carretera a Las Navas de San Antonio, el pueblo de al lado de Zarzuela del Monte, pueblo donde yo nací. Tendría yo escasos 10 años. En misa (había que ir a misa), yo estaba deseando que se acabara. Mi tío Francisco se pilló una bici y fuimos unos cuantos primos a la carretera. Se subía una pendiente recta y luego, había un descansillo. Después, venían unas cuestas en curva que ya no existen. Yo me alegré mucho de que pude subir esas cuestas sin bajarme de la bici, una BH de color rojo. Parece que la estoy viendo. Fue algo mágico llegar al otro pueblo en bici para un niño como yo. Al volver me tiré todo el rato frenando pues me dio miedo la cuesta abajo. Nunca se ha repetido esta épica bicicletesca hasta que un día, en el pueblo, me levanté a las 7 de la mañana y me hice unos 100 kilómetros yo solo, viendo campos de girasoles y huyendo de mastines a la entrada de algún pueblo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario