Es difícil sustraerse y convencerse y concentrarse en historias que deben continuar. Una de ellas es cuando estuvimos en el pueblo con mis padres. Otra puede ser la historia del desahuciado. Otra, la de las islas canarias. En este año he aborrecido mi capacidad narrativa. Creía que ya había llegado a un fin. Pero puede servir de entretenimiento esa actividad en cuanto que puedo contar sin juzgarme, ya que no tendrán resonancia esas continuaciones. La luna brilla en la noche como una vedete. Las estrellas ya no se ven. Pongamos que hablo de Madrid. Pongamos que hablo de mi ciudad atónita ante los acontecimientos consuetudinarios que suceden en la rue. La vida ya no sabe sorprender pero estamos vivos. Demos gracias a Dios de que estamos vivos.
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