Hace una mañana muy bonita para ir a la carrera de San Bernardo y ver desde una terraza a los autobuses de la EMT cómo van. Si van muy cargados, si van muy veloces, si van oscuros como una sombra. Y luego, llegar a la glorieta de Quevedo y ver las gentes también cómo van. Si van tristes, si van llenos de duda, si van oscuros como una sombra. Y luego bajar por una calle hasta Moncloa y cruzarte con más gentes atareadas, con un destino en sus ojos, con melancolía en sus labios prietos, con la oscuridad de una sombra rodeándolos. Y es que este mundo está lleno de incertidumbres, de pasos inciertos, de hoyos existenciales que parecen hundir su sima en las aceras de lo inhumano. Es ley que en la vida no tengamos nada claro. Es ley que en la vida, todo sea provisional. Es ley andar a tientas, sin ver bien qué nos mueve a veces.
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