Pelea tu vida por las calles de la ciudad. Te enfrentas a una riada de soledad. Caminas y dices hola a cualquiera. Las esquinas se ofenden de tu paso aburrido buscando la puerta. La dinamita de Dios te abre en canal las entrañas, te las llena de metralla, te las oculta a otro ser que anda por las mañanas haciendo la guerra. Los pasos son siempre los mismos, la cucaña solía estar en la plaza, a la vista de todos. Es cucaña la que subes andando por las aceras. No hay nadie ni nunca lo habrá. Solo te quedan los oídos de un hermano que escuchan brevemente tus lamentos oscuros. No estás solo. No vacíes tu esperanza en la calle, vacíala frente al ordenador.
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