La luz tendría que ser más fuerte, no tamizada por efecto de una neblina perturbadora. Acabar como acaba la historia que estoy escribiendo, la de la vuelta al mundo, es una forma de resignación aplicable a mi propia vida. No hago kilómetros siquiera para desplazarme al pueblo de al lado, colindante con el pueblo o ciudad donde vivo. Todo son trabas e impedimentos para la deslocalización de mi cuerpo y alma. No voy más que a por pan y diario. La guerra es un nuevo ingrediente a la sinrazón que ya vivíamos. Los días aparecen en nuestras cabezas como algo raro, como algo erróneo en el mundo. Y el mundo gira en nuestra razón como una mosca que quisiéramos apartar y no se va. Todo, después de la guerra, es más difícil en nuestra imaginación y en nuestras mentes.
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