martes, 3 de marzo de 2026

 Llueve. Detrás de los cristales, llueve y llueve. Bajo los pardos tejados. Se supone que esta llovizna que canta el poeta es un paisaje rural. El que está metido en casa mientras cae agua del cielo, está muy triste. Los días de lluvia han pasado. La tristeza se abre en esperanza de sol y cielos azules. Está ardiendo mi último leño en el hogar, dice el poeta. Se tendrá que ir de su casa este hombre. El que tiene la certeza de que su casa se agota y ha de irse, se encuentra en una tesitura amarga. Ha nacido allí, en un pueblo, y ya no le queda nada. Ha de irse y llueve. Soy muy pobre hoy, dice el poeta. A lo mejor es pobre en dos sentidos: es pobre de conocimiento humano. No tiene a nadie que le mate la soledad. Y es muy pobre económicamente. No sé qué será peor. La vida se ofusca en una casa, se vuelve traidora y da la espalda. Y mientras, llueve y llueve.

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