Si yo viajara, tendría que llevarme todas las pastillas y rezar para que no me entrara el insomnio allá donde yo fuera. O que no me descompensara anímicamente y me entrara la manía, la temida euforia, como me entró en Soria que hizo que mi hermano lo pasara mal. Desde que fuimos a Soria, mi hermano y yo no hemos ido ni al pueblo a pasar un día y mucho menos a la playa. Los enfermos mentales tienen mucho problema para viajar porque su ánimo cambia al llegar a un sitio distinto. Paco es muy renuente a coger el coche y dar una vuelta siquiera de un día. Así que yo chupo rutina a mansalva. Paco no parece sufrir la rutina, se adapta mejor que yo a ella. Me gustaría coger la general y largarme, pero no conduzco. Tendré que recurrir al Alsa si me quiero mover.
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