Cuando un trabajador se jubila, habiendo estado casi toda su vida trabajando, no sabe qué hacer con tantas horas que vienen como un montón de arena a sus bolsillos. Entonces va a dar un paseo y el paseo no le llena de emoción, no le satisface. Prueba entonces a hacer unos barquitos con palillos en casa pero los nervios no le dejan acabar esa manualidad, ese trabajillo de consuelo a los minutos. Entonces se va a Madrid y ve mucha gente diferente, ve todos los modos del ser humano y eso le gusta, le llena de una emoción antes no sentida. Y decide ir a Madrid todas las tardes y Madrid no le decepciona, Madrid asusta los minutos adheridos al riñón de todos los días de no hacer nada.
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