Un imbécil acusó a mi hermano de que iba diciendo por ahí que ese imbécil se quedaba con las subvenciones que daba el ayuntamiento a la asociación que dirigía. Mi hermano no iba diciendo por ahí nada de esa asociación de pijos. Luego le dijo que "le iba a romper la boca". Luego me dijo a mí que mi hermano "no se tomaba las pastillas". Todo mentira, amenazas y bravuconadas del imbécil. Me dijo que yo era más pijo que los de la asociación "porque vivía en Majadahonda". Me dijo que "aquí pone que has ido poco a la asociación". Aquí pone mis cojones. No volvimos a la asociación, mi hermano casi ya ni iba y yo me cansé de tanto pijo rojo y de tanto voluntario pijo y del imbécil que no sabe ni a tocino si le untan. Eso sí. La asociación no me ha pagado en años y años ni un billete de tren ni un café. En esa asociación todo era pagar y pagar y pagar. ¿Y las subvenciones? El imbécil me dijo que "se las gastaban en un gestor". ¿Un gestor? Y mis cojones un gestor.
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