El otro día vi en un vídeo en Corea del Sur cómo madrugaba una mujer que preparaba unas hamburguesas en plena calle. Entonces sentí la fuerza de la madrugada en esos ruidos primerizos de la ciudad, unos ruidos a los que yo asistí cuando fui profesor. Ahora no madrugo pero una madrugada en abril, a eso de las 7, cuando despierta el mundo y sientes un renacer especial merece la pena sentirlo. Cada individuo se fija en su cometido, tiene en mente un objetivo a desarrollar esa mañana que ha madrugado. Hay ruidos pequeños, afilados, que resuenan en el cielo. Todos queremos participar de la primera familia, de los trinos de los pájaros y de los sonidos iniciáticos del día que nace. Es una sensación única que me vino a mí en ese vídeo. Lo que pasa es que tomo una medicación fuerte y, no teniendo un fin, esas pastillas me mantienen dormido.
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