El otro día me llamó mi sobrino. Me llamó quizás por estos días de atrás. No suele hacerlo. Le dije el otro día que, si pasa por la ciudad, que nos llame para ver a los pequeños. Hablamos de la profesión. La profesión de mi sobrino hace que se cargue la espalda y tiene que recurrir al fisioterapeuta. Dice mi sobrino que todo el mundo va al fisio. Mi profesión ha sido más de darle al coco, como explico en mi novela "El profesor enfermo". Ante una cuadrilla de locos adolescentes hay que estrujarse el cerebro para que no haya que chillar más de la cuenta. Dice mi sobrino que no explota el taxi a tope, que prefiere pasar más rato con sus hijos. Yo le dije que la gente busca ocio. En otro blog yo ya dije que, igual que se consiguió el descanso dominical, se encontrará algún día la conciliación trabajo/familia. Y que se dejen de lo homosexual y lo trans. Lo importante son las familias que tiran de la economía. Las demás monsergas sexuales están de más. Me quedé muy contento de haber hablado con mi sobrino. Dice cosas razonables. Dice cosas de trabajador y padre de familia.
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