jueves, 12 de febrero de 2026

 Si yo supiera, como Samaniego o Iriarte, componer estrofas contando fábulas de animales, encantado, lo haría. Y luego las recitaría frente al palacio de Aranjuez o de la Granja de San Ildefonso. Lo haría a modo de performance efímera de unos cuantos minutos. Lo haría retratando a la soberbia y a la mentira como protagonistas de nuestras vidas, como las que mueven los hilos de nuestra existencia. Da pena ver el mundo al revés de cómo fue concebido por la razón, la razón de Dios. Hay en España tiranos de cinco años. Hay gente que sabe mentir desde casi que nace. Hay una avaricia que encima pretende justificarse. Hay una estupidez que casi huele. Hay personas que son malas a las que les va muy bien en este mundo. Hay un dolor. Un dolor moral que no encajaría en una fábula rimada de quinientos versos.

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