jueves, 5 de febrero de 2026

 Extender la mano, darse dos besitos, uno por mejilla, agarrar el hombro del que tienes al lado. Son actos de fe en el ser humano, sea este de tu familia u otro con el que has estrechado un sentimiento bueno. Cuando vas en el metro, todo el mundo va a sus cosas y no se fija en el prójimo. Hay que fijarse en el prójimo en el metro mientras un tipo con guitarra canta eso de: era un amor sin igual. El metro es humanidad concentrada, es sudor, es choque de gentes que se aman porque trabajan, porque sus vidas atraviesan la luz del día como lo hace una bandada de gorriones por la calle Fuencarral. Y nada más. La gente se apelotona unos momentos en un vagón y hay algo que se enciende, algo así como un buñuelo cuando toma contacto con el aceite hirviendo. El obseso del vagón se toca mientras piensa en ti.

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