domingo, 1 de febrero de 2026

 Este era un señor muy pesimista con los demás pero muy optimista con todo lo suyo, muy pagado de sí mismo. Cuando a uno que conocía le daba un arrechucho, aunque fuera leve, decía: está visto, se va a morir. Cuando algo le pasaba a él, decía: bah, esto no es nada. Lo resuelvo en un minuto. Y así iba pasando el tiempo despreciando un poco a los demás dentro de ese pesimismo que tenía a la población entera. De puertas a su casa, todo estaba bien. No podía ir mejor. Un día acudió al médico con una dolencia leve: sentía ruidos en los oídos. El médico le dijo que era síntoma de algo peor: síntoma de un pesimismo desmedido, que se cuidara. Pero no hizo caso y siguió pensando de los demás que no valían un pimiento y que todos estaban equivocados menos él. El pesimismo este le condujo a no amar a nadie, se aisló y vivió en una burbuja de la que no salió en su vida.

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