sábado, 14 de febrero de 2026

 Se compró una báscula y se pesaba varias veces al día comprobando que perdía peso a marchas forzadas. Pensó que tenía una enfermedad relacionada con el hecho de fumar. Un cáncer, pensó, que le estaba royendo el cuerpo por dentro. Había perdido 3 kilos en tres días y la tendencia seguía. ¿Para qué se había comprado la báscula? Si no se la hubiera comprado, no habría asistido a este fenómeno que tanto miedo le estaba provocando. Y es que iba a kilo perdido por día. ¿Se podría presentar en el hospital y decir simplemente que estaba perdiendo peso? No sabía ya qué pensar cuando por las mañanas se pesaba y el número luminoso de la báscula fijaba: 82, 2. Hacía solo una semana, pesaba 86 kilos. Todo le daba vueltas en la cabeza y pensaba que algo formidable y temible le estaba ocurriendo en el cuerpo. Pensó en un libro de Patrik Suskind que se titulaba "La paloma". Una simple paloma que se cuela en la casa de un funcionario hace que la vida de este vaya al desastre. En su caso, no había paloma. Lo que había era una báscula.

No hay comentarios:

Publicar un comentario