Hubo uno de mi pueblo que dejó de beber y de fumar. A los dos años, murió. Pasó igual con otros que se quitaron el mono a la fuerza. Quizás los venenos nos mantengan vivos. El tabaco crea una dependencia fuerte, muy adictiva. Y su supresión es letal. Por las mañanas el aire anda como enfadado del sol que lo alumbra. Es natural verse uno a sí mismo como alguien anodino y gris. No hay nadie que te vaya a adular ni empezado el día ni cuando acabe. La tristeza suele anidar en el corazón más que la alegría pero lo peor es que la indiferencia de uno mismo haga su presencia en el órgano de la emoción o en el cerebro. No somos más que lo que nos queremos a nosotros mismos. Lo demás es pueril, accesorio y deficiente.
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