miércoles, 25 de febrero de 2026

 Un galgo muy largo y fuerte esperaba a la puerta del hotel. El dueño estaba haciendo gestiones dentro para ver si dejaban pasar al galgo a la habitación. Las normas del hotel eran estrictas: nada de animales en el hotel. EL hombre cogió al galgo y se fue echando pestes de la dirección del hospedaje. Se fue a otro hotel más allá y le dijeron lo mismo. Entonces usó el móvil y buscó hoteles que admitieran animales y encontró uno en una barriada de la capital a la que habría que ir en taxi. El taxista no puso pegas a subir al galgo. Llegaron al hotel. En ese hotel, había loros, tortugas muy grandes y otros perros. Un perro de esos se enfrentó al galgo y le agredió, le mordió. Hubo una discusión entre amos de perros. Llegó el veterinario del hotel. Dictaminó: los huéspedes humanos deberían irse de ese hotel y que se quedaran solo los animales. Los seres humanos estaban estresando a los animales del hotel. El dueño del galgo tuvo que alojarse en un hotel cercano y dejar al galgo allí.

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