Si no fuera por el cariño y apoyo que he recibido estos días, ahora estaría más triste que un payaso. La vida me va diciendo que sí puedo confiar en los demás y que los malos rollos pasaron ante esta demostración de fe y amor. No siempre estamos solos quejándonos de los demás sino que, a veces, se junta la gente para darse calor y eso es bueno. El dolor que pasé yo solo con mi hermano hace dos años ha pasado a un acercamiento de planetas y satélites que ha hecho mi universo más amable. La vida se va colando con ternura en el hueco de los sentimientos y deseo que ese hueco no deje de existir ya hasta que me muera.
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