Son las 12:00. Tengo cierta hambre que podré saciar en cosa de hora y media. Paco, mi hermano, y yo, nos hemos constituido, con el paso del tiempo, en una institución de dos personas que se entienden, que se apoyan, que se quieren. Cada vez que hemos abierto la puerta a los demás, nos ha salido la cosa rana. La gente no es de fiar. No es la gente de fiar ni culta ni franca. Al revés, la gente va por interés, por el mero interés de que le salga rentable su amistad con nosotros. Me acuerdo ahora, no sé por qué, de la visita que hicimos a Tres Cantos. Preguntamos por la biblioteca, pasamos allí el rato. En Tres Cantos, las aceras son muy anchas y las avenidas, también y hay mucho aparcamiento. Por lo menos, cuando fuimos Paco y yo a Tres Cantos. A lo mejor ahora no es así, vete tú a saber.
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