Las farolas tibias, las farolas que alumbran poco no cumplen con su labor social que es denunciar la delincuencia nocturna. Si un parque es anémicamente iluminado, las tropelías no se ven disuadidas a cumplirse. Yo quiero que la plaza que está al lado de mi casa esté lumínicamente fuerte, que por la noche parezca de día. No como está ahora, en las que las sombras, las sombras del mal amparan a los porreros y delincuentes. Luego, por la mañana, se ven rastros de sangre sin limpiar. Algo ha pasado. Tengo que fregar las tres sartenes que me ayudan en la cocina. Así que dejo el tema este de la iluminación de sitios públicos y me dedico a mi privacidad más apremiante.
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