jueves, 26 de febrero de 2026

 Andar cojeando por la calle suscita comentarios pero a mí la gente me da igual. Ayer estuve comiendo piponazos en la vía pública, sentado en un banco. Así fumo menos. Vi, desde otro banco, cómo limpiaba las cáscaras un barrendero. Tardaba menos de 30 segundos en limpiarlas. Ahora, me voy a ir a ese banco de ayer a ver gente. La gente me inspira. Hay gente, que por el modo de vestir que lleva demuestra muchas cosas: una lujuria sin esconder, un formalismo que va bien para el trabajo, un descuido aparente. Me encontré un señor vestido a la antigua que bien podría ser un poeta, por las fotografías que yo he visto de los poetas. Pero quizás solo sea una ilusión mía. Por otro lado, mis poesías no tienen mucho valor al lado de las poesías que yo leo en los libros. Mi poesía es ramplona y repetitiva.

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