De las estúpidas imágenes que salen en la tv: políticos, periodistas, noticias repetidas hasta la saciedad, etcétera, apareció una que merecía la pena. Eran unos señores en una terracita de frente al mar. El corazón mío se pegó a esa imagen como el agua se pega a la arena. Era el mundo ideal. Un refresco y al fondo, el mar. No me conviene fomentar en mi alma ese deseo de ver y sentir el mar pues, a lo mejor, no voy en todo el año a verlo. Pero esa imagen, igual que la que construí yo en este blog de un hombre que sale a la terraza de un piso 12 a tomar un vino blanco y se ve el mar al fondo, me puede mucho. El mar. No digas más. No hay otra cosa más poderosa en el mundo que esa masa azul hermana del cielo.
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