Hay que fabricar la alegría, ya que la alegría no se hace presente. Con la imaginación se puede estar en todas partes. Y el recuerdo ayuda a la imaginación a que momentos vividos antes, vuelvan. Como ese río que bajaba por debajo del puente y ese camino que conducía a la ermita. Como ese parque dormido de la ciudad de provincias. La imaginación va trazando momentos de felicidad ayudada por la rememoración de la bonita tarde de julio. El paseo tranquilo va desechando el decorado de la habitación que habito. El trayecto de la felicidad viene en el recuerdo, aunque este sea ya antiguo. Hay perezosos paisajes que habitan en la mente y esperan a que los despereces inocentemente, tontamente en tu corazón.
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