Todo está muy tranquilo, como en una balsa de aceite. Todo es armónico a pesar de mi cadera herida. Y es así como se ponían nerviosos en el barco los piratas porque sabían que algo iba a ocurrir. Y avistaban las galeras españolas llenas de oro y ya se daba la batalla marítima. Me pregunto cómo será la próxima vez que mi hermano se ponga malo, empiece a desbarrar. O quizás ya no lo haga nunca. No sé. Lo que creo que sé es que los síntomas serán residuales por la edad, ya no serán tan bruscos. Llamaré al 112 y espero que me hagan caso, no como la última vez que llamé, que me dijeron que no era tema psiquiátrico sino social, que llamara a una trabajadora social. En fin. Todo está en calma. Hoy comemos coliflor hecha del martes por Paco. Me voy a duchar y esta tarde veremos al sobrino.
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