La celeridad con que han pasado las cosas me han llenado de asombro. Solo hace una semana, estaba yo yendo al hospital a ver a mi hermano. En la estación de Soto de Henares (estación nueva) sentí el frío colárseme por el cuello abajo. En el tren pensaba yo cómo se repiten las cosas: el Mercadona, las paellas, los rostros de antes que entraban en el vagón: gente recia. Mear en Atocha me costó un euro. Debí de echar un litro. Estar solo en casa otro día para al día siguiente ver nevar, fue un ejercicio de soledad tranquila. Llamar a un taxi me puso casi de los nervios para ir para allá. El tiempo tan lluvioso e inestable rompía contra mi excitación. Pero todo ha transcurrido con al ayuda de la familia y eso es lo cuenta. Vaya si cuenta.
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