Un taxi que iba veloz en la noche, a 120 por hora. Aravaca. Ferraz. Luego, esperar. Y luego, el sueño de cada día. Anoche estuvimos Paco y yo por la carretera, buscando una respuesta que no llegaba. Todo cerrado. Una mentira en internet. Al fin, el hospital, ese viejo recurso. Yo me dormí con ganas y hoy me he despertado tedioso, cansado de la rutina diaria. Aquí escribo, como un condenado de las letras españolas, como un guía de palabras tristes, como el hacedor de frases aburridas. Hoy será lunes hasta las 12. La luna llena de ayer se interpuso entre mi corazón y las cosas. He dormido bien, demos gracias a Dios y no queramos comer pan de trastrigo.
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