Las aceras amortiguan la tristeza de los pasos de la gente. Me ha salido un buen y melancólico verso, al estilo Sabina u otros poetas como Barral o Baena o Claudio Rodríguez. La poesía brota del desencanto de la vida, no hay más. La vida se revuelve como una serpiente pronta a morder y la poesía la evita, no quiere su mordisco venenoso. El país va mal y yo también. Los cromos de los niños relucen en sus manitas torpes todavía para arreglar un grifo. ¿O habrá ya niños que sepan arreglar un grifo? No se sabe. En la vida nunca se sabe. Intentamos saber y pegamos una patada a la lógica y la vida nos responde con otra patada, precisamente, a la lógica.
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