miércoles, 3 de junio de 2026

Mi calle es un anuncio de ciudadanos y farolas. Prescindibles unos y aceptadas otras porque no hay otra cosa. Pero para Dios son importantes estos transeúntes que se juegan la vida todos los días. Los ciudadanos se juegan la vida todos los días porque quieren ser algo, quieren sobrevivir a la seguridad social y a la política impuesta y a los libros que leyeron de pequeños (El pájaro verde, por ejemplo). Estos transeúntes o personajes de la calle quieren ser felices pero el sistema no los deja. Los impulsa a odiar a los otros ciudadanos, que son rojos, que son fachas, que son homosexuales, etcétera. La vida es muy dura para el peatón expuesto al odio. Pero yo sé, me da en la nariz, que esos señores de la ciudad quieren ser libres, quieren que nadie les diga a quién tienen que odiar. No quiere el transeúnte medio dividirse en gente que odia, sino avenirse con el vecino para jugar un tute. Me consta.

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