Suena la armónica del afilador. Dice Paco que ese sonido trae suerte. Qué sé yo. Me siento mal últimamente. Con un dolor de cuerpo indefinido. Los días están para vivirlos, no para sufrirlos, me dijeron en la agencia de seguros. Para tonto yo, dijo el joven al darse cuenta de que ese amigo no era un amigo sino un caos de palabras, un revoltijo de charlas vanas, una serie de mentiras y líos. Ojalá no llame hoy ese personaje, ese espantajo, ese full. Los días pasan y pasan y no dejan de pasar. Los días están hechos de horas que se extienden, que cunden de sol, que matan el ser dormido del que quizás tengamos noticia errónea, sensación exagerada, creencia absurda.
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