Ahí viene haldeando la puta vieja Celestina. Calixto le ha regalado un manto y una onza de oro. Los criados no ven la hora de sacarle algún tesoro de los que guarda. Al final, mi hermano me saca a la realidad: no es para tanto la cosa. Los días pasan y hay acontecimientos, unos acontecimientos tontos, de ir de allá para acá. Las revistas del corazón sacan personajes que cobran por besarse o abrazarse en la playa. Los días, ya digo, pasan, pasan como rayos y truenos o como perros huidos o como la luz de las farolas. Los días no tienen piedad de nadie. Son los días como el sol que cae, son los días como una firma al pie de un documento, son los días eso: un cajón donde perdí el tiempo, un juego donde no se gana nada.
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