La vida cruje como una patata frita, cruje como un barro muy cocido, cruje como la sal entumecida. Voy a generalizar y diré que, piense lo que piense el ser humano, el ser humano ha de perecer un día. Durará más o durará menos la vida crujiente, el despertar de las emociones, la locura de vivir, pero el ser humano tiene como destino último la fosa, la fría fosa y el frío mármol que le archivará para lo eterno. Nadie que vive quiere morir, excepto los suicidas. Quizás el suicidio es el único tema filosófico, como dijo Sartre o Camus. Yo lo que creo es que no hay que aguantar a estúpidos para que luego, tengas que morir. Estúpidos y aprovechados no, por favor.
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