domingo, 28 de junio de 2026

 Las mangas de mi camisa se quedan ahí, en el puro verano. Un Madrid inmenso señala el tiempo de los cascabeles en el cielo. A veces mi sombra se descuida de mí y se va a dar un paseo por el asfalto más negro y venenoso. Los años dan sueño, dan el sueño de la edad que nunca se repite. Somos como los autobuses, somos como ¿las farolas? Ya dije esto muchas veces. Los libros están muy quietos, no me atrevo a abrirlos por si me dan una sorpresa desagradable. Ya el sol andará alto como ciertas nubes blancas algodonosas y tiernas. Ya la fe retornará a mi espíritu para hacerme ver qué frágil soy frente al mar, al eterno mar de los días.

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