Me tengo que cortar el pelo. Es elección que no me gusta. No me gusta que me anden tocando la cabeza. Pero tengo ya mucha cabellera. Las farolas dan luz, nos indican qué está pasando por la noche. Ya veremos cuando las farolas, además de dar luz, graben las cosas que ocurren. No si veré eso alguna vez. Me parece que en China ya ocurre. Los días se suceden como unas natillas de postre o como las golondrinas chillonas. La verdad de la vida nadie la sabe. Andamos unos creyendo en Dios; otros, creyendo en el dinero; otros creen en sí mismos. Así anda la cosa. Es difícil creer en algo que no podemos tocar ni ver. Ahí está el truco. ¿Qué promete el dinero? Una vida buena. Pero, ¿después?
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