sábado, 20 de junio de 2026

 Las aceras reciben los golpes, los amortiguan, los admiten, los sufren. La ciudad es como ese pasillo de casa en que nunca hay nadie. Todos sufriremos los embates del mundo, del siglo, del milenio maldito. Ya estamos a 2026. Quién lo diría. Los insectos no aparecen. Los insectos se los ha tragado la tierra, esa tierra que se vuelve mártir ambiental. Yo sufro en verano muy lentamente, muy difusamente. Los carritos de la compra se agolpan muy poco, no se agolpan en absoluto, quiero decir. Las lunas no aparecen, las lunas están flojas y no llenas, señal de carestía y dolor. Las aceras, ya lo dije, sosiegan los pasos, los duermen en sus baldosas íntimas.

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