Hay gentes que no asientan la cabeza. Tienen que estar aquí, allí y en el otro lado. Será por la educación recibida de sus padres, que les dejaron hacer y pensar gilipolleces. Yo quiero un Mercedes, papá. Lo tendrás, hijo, lo tendrás. Y así todo. Y luego iban a los institutos y a los demás sitios pisando fuerte, como si fueran especiales, como si el mundo solo estuviera hecho para ellos. Y sacaban un dos en inglés. Y un dos en lengua. Porque no hacían más que lucir uniforme y soñar con chalets que tenían los otros, soñaban con sueños que no eran suyos, soñaban con eso, con un Mercedes. Y no asientan la cabeza.
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