jueves, 4 de junio de 2026

  •  Si yo escribiera de mi infancia, tendría que rememorar el río Moros, que este año se ha desbordado en el invierno de tanta lluvia que ha caído. En el seno de ese río habitaba el barbo, que podía ser grande y que, cuando lo pescábamos, iba a parar a las fauces del tío Facundo. El tío Facundo era un comunista reconcentrado que cantaba la internacional para entretenerse. Un día le dije yo que todo eso estaba pasado de moda, que ya no pegaban esas ideas y se enfadó conmigo. Le herí en lo más hondo pues quizás a sus ochenta y tantos años, seguía creyendo en la revolución obrera. De todos modos el tío Facundo era hombre amable y conversador, que tuvo unos 7 u 8 hijos a los que tuvo que montar una pollería para subsistir y de ahí que a todos ellos los llamaran en mi pueblo los polleros. Hay muchas historias en mi pueblo, tantas como gentes lo habitan. Se podría escribir un libro con ellas pero yo no lo voy a hacer. Sería un rollo tremendo.

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