Veo a esos no tan jóvenes en la calle, fumándose un porro, con sus gargantas heridas, con su pena de no ser nadie apreciado por los que pasan a su lado. ¿Cómo no hay para ellos un centro donde se organizaran la vida y salieran adelante buscándose un trabajo o practicando habilidades o aficiones que los salvaran de eso precisamente, de esa calle sin salida que es la calle? Bueno. Yo no nací para ayudar a los demás. Espronceda tiene un poema largo al mendigo. El mendigo saca la hipocresía del viandante a relucir. Todos queremos que nadie lo pase mal pero no ayudamos. Hoy es lunes. He bebido otro par de vasos de agua. Me acuerdo cuando yo iba a los institutos. No tenía otra cosa en la cabeza que los alumnos y sus redacciones y exámenes. Llevo ya mucho tiempo alejado de las aulas. Demasiado.
Reservas tu alma al silencio, ayunas, rezas a Dios por los mortales
y luego, hágase tu voluntad.
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