domingo, 18 de octubre de 2026

 Y Manolo se fue a Madrid. Era navidad. Pero no hacía frío. Nadie sabía dónde se había metido el frío. La luna, esa noche antes de que Manolo se fue a Madrid, estuvo muy refulgente y llamativa. Parecía un anuncio de alguna desgracia. Manolo, como no hacía frío, se sentó en una terraza y bebió hasta emborracharse. Andando por la calle, se cayó. Y, como estaba gordo y débil y borracho, no se levantó del suelo. No le atendió nadie y se durmió porque no hacía frío. Entonces, oyó quizás unos villancicos, unos petardos y unas campanadas. Se levantó. Su reloj decía que eran las 3 de la madrugada y también que era el 24 de diciembre de 2026. Se fue a casa, se acostó y esperó que llegara el día siguiente. Al día siguiente se comió unos espaguetis con tomate y con hambre y se volvió a emborrachar y a dormir todo el día. Y no vino su primo a verle. Ni siquiera vino su amigo Andrés. Se sintió entre cansado y muerto al despertarse. Esperó al nuevo año con la ilusión de volverse a emborrachar. Y lo hizo y durmió y el día 2 de enero trabajó de 8 a 3. Y unos días más tarde vivió el alboroto de la cabalgata de reyes pero esta vez no se emborrachó ni durmió, sino que vio un poco la tele y se acostó. Y ya las navidades habían pasado. Todas las navidades.


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