El turismo se ha convertido en una especie de religión. La gente aprovecha cualquier fiesta para irse al extranjero, a un extranjero cada vez más exótico. Los turistas van a África, a Rusia, a Indonesia y a Japón. Viajar se ha convertido en una necesidad más de la clase trabajadora. Hay ofertas en las agencias de viajes que parecen de risa. Por poco dinero va uno a ver los fiordos noruegos o a Vietnam. Tengo un sobrino que ha estado en Tailandia 4 veces. El otro día, estando en Torrelodones, oí una conversación sobre Etiopía y Mali. Esos países acogen con variedad de distracciones a estos turistas de nueva ola que surgen como setas en Occidente. Parece que la gente ya no va a Roma o a París, esas ciudades se han quedado pequeñas. La gente se tira en un avión quizás 7 horas para ver algo que nadie ha visto antes y luego poderlo contar, claro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario