Me miro los pensamientos esta mañana al levantarme y mis pensamientos se dirigen a Madrid, a las calles de Madrid. Allí, en ese enrevesado mundo de piedras y calzadas veo yo la aventura que me es vedada. La capital tiene en sus esquinas y sus recovecos el latido de un no sé qué que me atrae, me llena de fascinación por las gentes que la habitan. Calle Segovia, Curtidores, Arenal, Ópera. ¿Quién anda por ahí? La vida de verdad se vive en la ciudad. La ciudad contiene su misterio. Sobre todo a estas horas tempranas en las que el lío amoroso se desenreda con el desayuno. Las horas de apreciar la mañana con esa tenue frialdad, con esa claridad que conquista el corazón. Madrid, esa fuente de sorpresas.
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