domingo, 1 de noviembre de 2026

 He leído "Los salmos". Son muy bonitos. Están en la Biblia. Es un agradecimiento a Dios. La vida, quizás, hay que llenarla de unas lecturas, unas lecturas que nos orienten. Decía un programa de la tele hace un tiempo: todo está en los libros. Y yo me quedé con eso, con la idea de que no hay situación de la vida que no esté reflejada ya en los libros u otros escritos como es este blog. El cielo azul indiviso trae a la Tierra un dolor de sequía. El agua no aparece. La arena seca y sin raíces ya no sujeta los matorrales. El campo no tiene verde, el verde se ha ido de al lado de los caminos. Andaremos mucho bajo el sol castigador por el efecto de tanto combustible quemado en los motores de los coches. Ego scribo, tu quid faces?

Las nubes no cuajan en el cielo. El sol reina todos estos días. La gente pasea y pasea sus vidas por las calles. Hay un tibio remolonear de pasos por las sucias aceras. Y los que beben litros de cerveza en las plazas, se adueñan de los bancos donde uno de ellos dormirá la borrachera con el peligro de quedarse tieso por una hipotermia. La vida no tiene mucho sentido. Pero eso ya nos estaba pasando antes. No sabemos adónde dirigimos nuestras emociones. Hay algunos que rezan, hay algunos que dicen que todos los caminos conducen a Roma, como decía la canción de Aute. Mueren los cantantes, quedan sus canciones. Es pronto para quitarse del tumulto. Es pronto pero ya los pájaros van silbando la melodía a los cansados.


El oficio de escritor pasa por estar mucho rato solo frente a su creación. Primero, se escribe en un esquema de lo que va a tratar la novela o lo que sea que se va a crear. Y luego se busca un horario que hay que cumplir a rajatabla. Por ejemplo, de tres a cinco. Dos horas diarias puede que estén bien. Si luego, el desarrollo de la novela exige más tiempo, pues se echan más horas. Es como un trabajo. Si se quiere que la narración llegue a trescientas páginas, que es lo que suele durar una novela hoy en día, pues tres horas diarias no te las quita nadie. Al principio, es duro sentarse y que salga algo bueno narrativamente hablando, que sujete al lector en la lectura de lo que vas creando. Hay que dar originalidad de eso que estás contando y crear una situación inicial que sorprenda mucho, que tenga todo el interés posible. Y luego, hay que tratar que ese asombro inicial, no decaiga. O sea, que la sorpresa perdure en el tiempo que pase en la historia. Hay que crear personajes con mucho carácter y complejidad. Y hay que conseguir que, cada vez que te sientes a escribir, escribas algo. No sé. Aunque sea, una página al día. Y así hasta que escribas unas trescientas páginas. No es tan fácil.

 Una hermana, arrastrada por la timidez de la otra hermana, nunca tuvo novio. Y, si le tuvo, fue en un régimen de castidad que le cansó. Fue como si no le tuviera. Y así, las dos juntas, formaron una pareja de solteras para toda la vida. Se apoyaban entre ellas e iban juntas a todos los sitios. Daban una sensación de que huían de la sociedad, de que estaban a disgusto entre la gente. Una vez las vi a la puerta del garaje. Venían con sus sobrinas que habían estado en campamentos organizados por la iglesia. Una de esas sobrinas le dejó a la soltera su macuto, un macuto enorme. Yo le dije: vete que te está pesando. Y era como si la despidiera. No pregunté por su familia, no pregunté nada. Solo le dije que se fuera. Quedé muy mal, a mi modo de ver, cuando luego lo pensé.