El oficio de escritor pasa por estar mucho rato solo frente a su creación. Primero, se escribe en un esquema de lo que va a tratar la novela o lo que sea que se va a crear. Y luego se busca un horario que hay que cumplir a rajatabla. Por ejemplo, de tres a cinco. Dos horas diarias puede que estén bien. Si luego, el desarrollo de la novela exige más tiempo, pues se echan más horas. Es como un trabajo. Si se quiere que la narración llegue a trescientas páginas, que es lo que suele durar una novela hoy en día, pues tres horas diarias no te las quita nadie. Al principio, es duro sentarse y que salga algo bueno narrativamente hablando, que sujete al lector en la lectura de lo que vas creando. Hay que dar originalidad de eso que estás contando y crear una situación inicial que sorprenda mucho, que tenga todo el interés posible. Y luego, hay que tratar que ese asombro inicial, no decaiga. O sea, que la sorpresa perdure en el tiempo que pase en la historia. Hay que crear personajes con mucho carácter y complejidad. Y hay que conseguir que, cada vez que te sientes a escribir, escribas algo. No sé. Aunque sea, una página al día. Y así hasta que escribas unas trescientas páginas. No es tan fácil.
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