miércoles, 4 de noviembre de 2026

 En navidad hay personas que caen mal por el hecho de no felicitar las fiestas. Es solo coger el teléfono a eso de las tantas de diciembre y llamar. Y decir: felices fiestas. No cuesta tanto. Pues hay algunos que no lo hacen. Y quedan mal, muy mal. A mi personaje y amigo Manolo solo le llama un tío desde Cuenca, un tío muy antiguo y dejado de la mano de Dios, pero le llama y le desea una feliz navidad. Manolo se alegra de que haya todavía en el mundo alguien que se acuerde de él y va y se emborracha. Y acaba dando tumbos por la calle Leganitos, que va de Santo Domingo a Plaza España. Y, al día siguiente, se levanta con una resaca horrible, pero va a trabajar a perseguir el delito contra la propiedad de otros.

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