Pronto estaremos rodeados de espumillón y películas de navidad y de gente haciendo el ganso con lo de la felicidad y yo acaso cogeré un taxi y me iré lejos. Cuando el taxímetro marque 50 euros, mandaré parar al taxista y me quedaré en ese punto. Y por 50 euros no iré muy lejos según están las cosas, la gasolina, el coste de la vida, etcétera. Y llevaré en el taxi un turrón. Y celebraré estar lejos de mi casa, a 50 euros de lejanía de mi casa, comiendo turrón quizás en medio de una carretera comarcal y nevando. Y me sentaré en una piedra, una piedra dura, granítica todo el rato que dure el turrón. Y así no veré películas navideñas en las que hace mucho frío. Y tampoco envidiaré a esos que cabalgan la navidad acompañados de mucha gente, muchos amigos, muchas reuniones, mucha nieve de mentira y mucho champán con alcohol.
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