Esto de salir a la calle y todo abarrotado. Esto de gemir por dentro cuándo cambiará la escena. Hay días que no me levantaría de la cama por no ver lo ya visto, por no ver gente que anda, por no ver oscuridades de la ciudad que con tanto ahínco las fabrica. Y lo ya visto te mata por dentro. Pero cuidado: debemos también comprender que en lo que aparece todos los días enfrente de nosotros hay algo especial que nos une a la tierra y a las gentes. Creo que salir a escena un lunes por la mañana no es tan malo. Se comparte la mañana con otros que también saben de lo cotidiano. Y lo cotidiano, a veces, suelta un perfume como de saberse único como el aire que se hace en el vendaval.
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