A Manolo no le gustaban las fiestas de navidad. Estaba solo, antes estaba con su madre viuda. Manolo era hijo único. Solo tenía un amigo, Andrés, que tenía cinco hermanos, dos padres, cuatro hijos y una mujer. También tenía una amante que se llamaba Tania. Todavía no se había divorciado. En navidad, Andrés tenía que multiplicarse por cuatro para atender a tanta gente. Se dejaba el sueldo en regalos, montaba en Iberia para ir a ver a unos tíos en Barcelona. Y cuando veía a Manolo, una tarde triste en que nevaban copos como puños, le decía que le daba mucha envidia su soledad, su tranquilidad navideña. Manolo le contaba lo de siempre: que le daba envidia de Andrés. Envidiosos los dos, se separaban y luego ya se veían más tarde a hablar de los profesores y compañeros de clase de la universidad. Y la navidad pasaba como un pequeño huracán en sus vidas. Y llegaba febrero y ya empezaba a hacer calor.
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